Caminante.
Miraba al horizonte enrojecido
con alegría,
sabiendo que con el sol ya vencido
despunta el día.
Sentía las cenizas de una vida
en su camino,
cortada con tijera de hoja hendida
y poco tino.
Vivencias que ahora deben quedar solas.
Dirige atento
su barco, al deseo de las olas
y al son del viento.
Navega por la memoria de la tierra.
Vuela en cielos que nunca vio.
Recorre lugares que no leyó
y que el que es sabio, en su ignorancia, entierra.
El horizonte: en sus pies, nunca delante.
Guías que nunca dejan de andar.
Jamás detiene su caminar,
pues no hay camino para el caminante.
Viajó por tierras baldías y muertas
y encontró rosas.
Entre fulanas de alma triste y yerta,
damas hermosas.
Vio muros que cayeron hace años,
y en sus despojos
escuchó las voces de los extraños.
Miró a sus ojos.
Estuvo en los bosques que aun hablaban,
y entre sus ramas,
las ninfas que él siempre amó, le amaban
Durmió en sus camas.
Navega por la memoria de la tierra.
Vuela en cielos que nunca vio.
Recorre lugares que no leyó
y que el que es sabio, en su ignorancia, entierra.
El horizonte: en sus pies, nunca delante.
Guías que nunca dejan de andar.
Jamás detiene su caminar,
pues no hay camino para el caminante.
Jugó a los dados con la muerte.
Siempre vencía.
Guardaba siempre un poco de su suerte
para otro dia.
En un tiempo, cartas de plomo duro.
Eso fue antes.
La vida paga en dados de oro puro
a sus amantes.
Desde la montaña, mira y ve un gran mar
de nube y roca.
Junto al viento, comienza su navegar,
y al sol invoca.
Navega por la memoria de la tierra.
Vuela en cielos que nunca vio.
Recorre lugares que no leyó
y que el que es sabio, en su ignorancia, entierra.
El horizonte: en sus pies, nunca delante.
Guías que nunca dejan de andar.
Jamás detiene su caminar,
pues no hay camino para el caminante.
