Bienvenidos a la Atalaya...

El caminante recorre el sendero, azotado por el viento que canta a las nubes tormentosas. Sus pies pisan la hierba de la ladera, mientras, no muy lejos, el sonido del mar chocando contra el acantilado hace compañía a la brisa salada. El caminante eleva su vista, y allá, en lo mas alto, casi al borde del mar, vislumbra una torre de piedra ocre, eterna vigilante del horizonte. En lo más alto, una figura encapuchada, apoyada en su cayado, eleva un farol que titila con la luz de su pequeña llama. El caminante prosigue su ascensión, y es entonces cuando la puerta de la torre se abre, invitadora, y de su interior surge un resplandor que promete un cálido fuego y grata compañía.

El Ermitaño le da la bienvenida a su Atalaya.

lunes, 21 de abril de 2008

Canope de barro


Canope de barro

Siempre cierro la mano demasiado tarde
y por ello se escapa siempre el ave
que en mi palma come.
Y cada vez que huye me hago la misma promesa:
“la próxima vez cerrarás la mano a tiempo”.
pero nunca lo cumplo.

Siempre vuelve, confiada, al calor entre mis dedos.
Y me deja ver los colores de sus plumas.
Me promete su compañía.
Solo pide que la atrape,
que arrebate su movimiento
al caótico viento.

Pero vuelvo a ser Cristo y Pedro.
Tres veces, cada año, me niego.
Niego mi nombre y las promesas
que a mi alma le hago.
Más traidor si cabe que el apóstol,
pues para mí mayor es el plazo del gallo.

Hoy siempre es mañana,
y mañana siempre es mejor día
para manchar de sudor mi rostro.
Pero mañana siempre es hoy.
Un día más quemado en la hoguera
del arrepentimiento por lo no cumplido.

Y sin embargo crezco.
Pues más brilla el hidromiel con cada hora
que pasa entre las paredes de roble.
Y siempre hay quien prefiere
beber un néctar dulce
aunque basta sea la jarra.

Vuela mi mente
en cielos siempre más altos.
Y me uno a una bandada
que no mira mis plumas de grajo.
Pero no hay banquete en esta vida
en que compita el oro con el peltre.

En canope de arcilla
se conservan las llaves de a vida.
Pero en el tesoro siempre destaca el diamante.
Y aunque con esparto vista el poeta
siempre invitan al baile
al necio cubierto de armiño.

¿Cuál es el reto?
¿Cambiar el caliz de madera
repleto de sabroso vino
por la copa de fino cristal
plena de cenizas
y estiércol?

Podría negarlo.
Gritar al mundo la desdicha
de no querer ser
vasija de porcelana.
Pero es un grito falso
proferido por un alfarero perezoso.

Pues el duelo
no es mas que cumplir la palabra.
y manteniendo la promesa de cada año
dejar fermentar el buen licor
mientras trabajo en la nueva copa
que debe cobijarlo.

El pecado
no se palia culpando al pájaro
por poseer alas,
sino entrenando la mano
para, cuando vuelva al cobijo de mis dedos,
saber cerrarla.


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Un poema de rima y métrica libre, de composición rápida. Va muy a cuento con la época en la que nos encontramos, y perdonadme las imágenes poco claras, pero prefiero dotarlo de un poco de onirismo, que a su vez, sin darme cuenta, han variado su significado de un par de frases a un universo de posibilidades.

Piedad por la mala calidad.

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